Un tic de los medios de comunicación y de los propios
políticos quizá la necesidad de vender el producto
nos empuja a calificar de "histórico" cualquier
acontecimiento que se salga de lo común. Sin embargo, quien
analice con cierto rigor la historia de Euskal Herria de los últimos
veinticinco años, quien repase en la hemeroteca cuál
era la situación política de este país hace
apenas veintidós meses o hace un año, habrá
de convenir que la firma de un acuerdo de legislatura de la izquierda
abertzale con PNV y EA en el Parlamento de Gasteiz, en medio de
un alto el fuego de ETA y con la base de Lizarra-Garazi, constituye
una noticia verdaderamente histórica.
El "objetivo irrenunciable" de los firmantes de este pacto de legislatura es, según se lee en el acuerdo, "la búsqueda y desarrollo de espacios y métodos en los que la capacidad de decisión y la voluntad de construcción de su propio futuro por parte de todos los vascos y vascas puedan manifestarse libremente y encontrar los cauces adecuados para su democrática plasmación". En este sentido, "los firmantes actuarán de manera conjunta en las iniciativas políticas parlamentarias que tengan por objeto afianzar el proceso político global así como frente a las iniciativas de otros grupos que vayan dirigidas a quebrarlo".
El objetivo plasmado en el acuerdo que todos los vascos y vascas puedan decidir su futuro es democráticamente irreprochable. Los medios para tratar de llegar a él las vías exclusivamente políticas , también. Los firmantes conforman la mayoría absoluta en la institución a la que va dirigido el acuerdo y, como no podía ser de otra forma, aseguran que su actuación se desarrollará con "estricto respeto al pluralismo político representado en el Parlamento y en el conjunto de la sociedad vasca". Por lo tanto, la reacción del nacionalismo español no responde al posible déficit democrático del acuerdo abertzale ni a su carácter pretendidamente excluyente, sino a la negativa abiertamente manifestada por PP y PSOE de aceptar que los vascos seamos dueños de nuestro propio porvenir.
El acuerdo firmado ayer es un gran paso, pero aún nos encontramos lejos de los objetivos que se marcan en el mismo y que son comunes a una amplia mayoría política y social de Euskal Herria, por lo tanto, será necesario que todos los implicados en la firma y cuantos sectores quieran sumarse a hacer país, sigan con su trabajo tanto dentro como fuera de las instituciones.
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